Amigos: Compruebo que hay días en que aparentemente nadie visita el foro. Es cuestión de animarse a escribir lo que sienten, hombres y mujeres que visitan este foro como simples lectores. Tengan en cuenta que todo el que ha llegado hasta este lugar es porque siente lo mismo que cada uno de nosotros. No creo que existan curiosos que lean lo que decimos; yo encontré la dirección de este foro por navegar siempre por los mismos links y la encontré de casualidad.
Historia verídica de hace 2 años:
Un día de verano, visitamos a una pareja amiga que veraneaba en una casa de la playa. Luego de volver de la playa, nos dispusimos a jugar naipes en una mesa redonda de jardín, en el patio de la casa. Naturalmente, así como vinimos de la playa nos quedamos en trajes de baño y obviamente, descalzos. Estabamos sentados cruzadas las dos parejas en la mesa. La novia de mi amigo era una joven alta de unos 30 años, con muy buenas curvas y pechos grandes; por supuesto que tenía unos pies muy bonitos y bien cuidados, los que trataba de mirarle en todo momento.
En cierto momento, apareció un mariposón enorme (de los que rondan cuando cae el sol) y revoloteó alrededor de su cabeza y de los demás. Ella dió un brinco para ponerse de pie, y le pudo asestar un manotazo al mariposón, que quedó sobre la mesa batiendo las alas muy rápidamente, pero herido de muerte. No me pasó por la mente lo que iba a hacer a continuación. Tomó el animal por una de sus alas con sus dedo pulgar e índice y lo dejó caer al piso, justamente al costado de mi asiento. Y ocurrió. Abalanzó todo su cuerpo sobre su pierna derecha y sentó su planta del pie sobre el mariposón que había quedado en el centro de un mosaico amarillo cerca mío. Apenas pude oír un pequeño crunch. Sentí, que mi cuero cabelludo se estaba erizando y naturalmente comencé a tener una erección enorme. Continué mirando su pie desnudo que hizo dos movimentos laterales para finalmente arrastrarlo hacia atrás, dejando ver una mancha sobre el mosaico amarillo, resto del infortunado animal. Todo esto ocurrió en unos dos o tres segundos que para mí fueron horas. Para mi regocijo, la joven en el momento de pisar al mariposón dijo: "Ya está, éste bicho no jode a nadie más!!" Y dicho esto, se miró la planta del pie para ver si le había quedado sucia con restos del animal.
Cuando volví la mirada a la mesa, mi esposa me miraba con ojos celosos, pero no dijo nada. Continuamos la partida de naipes donde había quedado.
Hasta pronto...
Alfredo.